Hospital de Curicó

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Centro asistencial cuyos orígenes datan de mediados de 1843.

Contenido

Historia

A principios de 1853 el presidente Montt en viaje por las provincias del sur, pasó por Curicó en donde se informó de las necesidades urgentes. Luego de asignar a Timoteo González como corregidor, le encargó la fundación del hospital. Esto fue cumplido en terrenos de una casa y sitio donado por Francisco Javier Muñoz en la extremidad suroeste de la población de ese entonces.

Sanidad precaria

Este establecimiento de caridad tuvo al principio modesta o más propiamente dicho, indigente existencia: sólo había local para doce camas incompletas y desaseadas. Servían de veladores para los enfermos unas pequeñas tablas incrustadas en la pared. El servicio médico, la higiene y atención personal estaban en el estado embrionario que es fácil imaginarse, por la carencia de recursos y el natural atraso del tiempo. En mayo de este año el Gobierno aprobó un reglamento para el hospital, en que se confiaba la dirección de él a una junta compuesta de cinco vecinos y cuatro señoras. Esos vecinos fueron los señores José Timoteo González, Ignacio Ruiz, Manuel García y Rodríguez, Francisco Donoso y Francisco Javier Muñoz. En sus primeros años de existencia se sostuvo con las erogaciones del vecindario y algunos auxilios de la municipalidad. El papel de las señoras que entraban en la dirección del hospital, se reducía a promover erogaciones y cumplir en lo posible con la abnegada misión de las monjas de caridad, cuyos relevantes servicios comenzaron más tarde, en 1882, durante la administración del intendente señor Tristán Matta y que por ese entonces solo atenfìa a pacientes varones, el Hospital de mujeres comienza a funcionar en 1888,gracias a la Junta de Beneficiencia del Hospital de mujeres apoyada por la Sra. Maria del Carmen Albano de Correa, en 1883 se anexó una maternidad.

Para la compra de medicinas de uno y otro servicio, el Gobierno acordó la suma de cuatrocientos pesos, con lo cual se demuestra lo insuficiente que sería la atención prestada a los enfermos. Pero la munificencia y legados de personas caritativas fueron elevando el hospital a la categoría de un establecimiento verdaderamente útil para la porción más numerosa y doliente de nuestra sociedad, para el pobre.

Nuevo edificio

En 1864 se edificó el de San Juan de Dios con un legado de la señora Carmen Albano, benefactora. El antiguo hospital quedó convertido desde entonces en lazareto, para cambiarse posteriormente en asilo. En 1973 se hizo entrega del nuevo y moderno edificio de 5 pisos que albergaría al centro hospitalario hasta Febrero del 2010 cuando el terremoto del 27 de Febrero lo dejo en condiciones irreparables, posterior a su demolición se construyó un hospital de emergencia en el sitio en espera de la nueva edificación en terrenos adquiridos en el sector oriente de la ciudad, a la fecha (2014) aún no se conoce el proyecto y se ha dado plazo de un año para licitarlo

Atención inicial

El establecimiento de un hospital trajo consigo la organización del servicio médico del pueblo, negocio de vital importancia por los beneficios que debía producir. Todo lo concerniente a la salud había permanecido desde la colonia en un lamentable estado de abandono. Los primeros médicos que hubo en Curicó fueron empíricos que no conocían ni rudimentariamente siquiera los conocimientos de la ciencia médica. No pasaban de ser herbolarios que estaban iniciados en todas las virtudes medicinales de las plantas indígenas, y que tenían cierta pericia para curar las dislocaciones, las apostemas, luxaciones y todas las enfermedades que son una consecuencia de los violentos ejercicios y trabajos de nuestros campesinos.

Los primeros prácticos

El primero de estos prácticos que ejerció en Curicó su profesión, tolerado y hasta protegido por las autoridades, fue don José María Gutiérrez, y en pos de éste fijaron su residencia en el pueblo don Sebastián Amat, español, y don Julio César Zanelli, italiano, que recibió de la municipalidad una subvención de cien pesos por curar a los presos de la cárcel, dándoles los remedios gratis.

El primer boticario de la ciudad

En 1855 la municipalidad contrató a un empírico francés llamado Antonio Scharn, primer fundador de una modesta botica pública, que situó en su casa habitación, en la última cuadra de la alameda, esquina de la calle de Villota. Su falta de conocimientos científicos lo puso en graves conflictos con los enfermos y sus deudos y lo hizo cortar de un golpe su carrera de médico. Enfermó una señora en el vecino departamento de Lontué de un parto tan laborioso, que hubo necesidad y tiempo de recurrir al médico de Curicó; murió la enferma de la operación y las autoridades de Talca mandaron procesar y suspender a Scharn del ejercicio de su profesión, el cual, irritado con la justicia chilena, quebró los frascos de su botica, votó las drogas a la calle y se fue a Europa, al condado de Niza.

El primer médico

Se hizo cargo del puesto vacante de médico del vecindario, el doctor Joaquín Zelaya, discípulo de Sazie y el primero que regularizó el servicio médico según los principios técnicos de la ciencia y lo elevó a la categoría de un importante ramo del saber humano, de simple arte rutinario a que lo habían reducido los empíricos que le precedieron. Aunque Zelaya constituyó en Curicó un hogar entregando su mano a una hija del pueblo, tuvo que ausentarse del lugar para terminar una carrera que lo ha hecho distinguirse más tarde en dos repúblicas, en la nuestra y en la Argentina. Zelaya fue también el primer introductor en nuestro departamento de la viña francesa, que plantó en 1861 en el Romeral.

La escasez de titulados, arrojó de nuevo a este pueblo a un práctico alemán llamado don Juan Wuipple, hombre de escasísima ciencia y de tan cortos alcances que el gobernador departamental lo destituyó en marzo de 1859, a pretexto de no saber el idioma patrio, pero en realidad por ser del todo inepto para curar los enfermos de la malsana población. Finalmente llegó por felicidad a pueblo, en 1859, un médico italiano, don Domingo Pertusio, que había estudiado en su patria la medicina y traía en consecuencia un caudal de conocimientos técnicos de la ciencia muy superior al de los extranjeros que lo habían precedido en el ejercicio de su profesión. Para poder contratar a este facultativo fue menester que el vecindario se suscribiera para asegurarle una renta fija al mes y que la municipalidad lo subvencionara por su parte con otra. Luego un buen éxito clínico levantó la reputación de Pertusio hasta colocarlo en el concepto de sus clientes como un médico de talento y un cirujano experto. Pero tampoco estaba llamado a clavar la rueda de la fortuna en Curicó, y tuvo que trasladarse a Valparaíso y enseguida a Europa.

Con la presencia de médicos titulados en el pueblo se consiguieron otras dos mejoras de incuestionable importancia: el saneamiento de la población y la creación del servicio de obstetricia. El estado de la salubridad pública no había avanzado mucho del que nos legó la colonia. Pueden concebirse las imperfecciones de aseo pensando en que no había en aquellos años agua potable, jardines, paseos, fuentes, mercados, ni botica. Por lo que hace al arte obstetricial, reinaban las prácticas ridículas e inhumanas que desde antiguo habían echado raíces en las costumbres íntimas del hogar.[1]

Centro Referencial de Salud (CRS)

Terremoto y demolición

Enfrentando la emergencia

Reconstrucción del Hospital

Para mayor información consulte el artículo Reconstrucción del Hospital de Curicó.

Presente y futuro

Referencias

  1. Historia de Curicó, Segunda Edición, Tomás Guevara Silva

Enlaces externos

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