Fusilamiento de vecinos en Curicó

El día 7 de abril de 1837 se ejecutó a los conocidos vecinos curicanos Manuel Barros, Faustino Valenzuela y Manuel José Arriagada por conspiración. El fusilamiento se realizó pese a la consternación de la comunidad y esfuerzos de autoridades locales por lograr el indulto de los acusados.

Desarrollo

El Congreso chileno declara la guerra el 28 de septiembre (Guerra del Pacífico), invistiendo al ejecutivo con la totalidad de los poderes del estado. Diego Portales usó estas facultades para castigar los delitos de traición y sedición al conocimiento de los tribunales ordinarios y someterlos al de un tribunal especial, el Consejo de Guerra Permanente con sede en la capital de cada provincia, compuesto por el juez de letras de ella y otros dos miembros designados por el Presidente de la República. Dijo el ministro: “La necesidad que hay de remover las causas que favorecen la impunidad de los delitos políticos, los más perniciosos para las sociedades y que consisten en los trámites lentos y viciosos a que tienen que ceñirse los tribunales ordinarios” 1.

Dos meses después de la instauración de los tribunales sucedió algo que conmovió a la sociedad. En Curicó fueron condenados a muerte por conspiración y ejecutados, el 7 de abril, tres conocidos vecinos de la ciudad. Portales había tenido noticia del proceso porque antes de dictarse sentencia el intendente Antonio José de Irisarri se había anticipado a pedir al gobierno el indulto de uno de los acusados para el caso de que fuera condenado a muerte. A lo que Portales respondió con una rotunda negativa fundada en el estricto respeto a la legalidad de las actuaciones del gobierno: “Este modo de proceder inusitado e informal sería muy poco honroso a un gobierno que desea conservar una escrupulosa regularidad en todos sus actos” 2 3.

“Al entrar en la plaza principal de este pueblo (Curicó), plaza que mas parecía potrero que otra cosa por su desgreño, en la cual como en todas las demás aldeas rurales de Chile, sólo se veía una pobre iglesia parroquial, una sucia cárcel, tal cual edificio de mezquino aspecto, y por todo adorno de su empastado piso, una angosta vereda de menudas pieras, que formando crucero, así servía para evitar el fango del invierno como el polvo del verano, encontré a tanta gente reunida, que excitada mi curiosidad, no pude menos de detenerme a averiguar el motivo de tan inusitada concurrencia. Más me hubiera valido pasar de largo; pues nunca me imaginé que, a mi llegada a Chile, lo primero que llamaría mi atención fuese ¡un patíbulo!. Observé con horror que la gente se agrupaba, miustia y silenciosa, al frente de tres banquillos, que, custodiados por algunos granaderos, iban a servir en aquel instante de funesto y último asiento en la vida a otros tantos distinguidos caballeros que un implacable y brutal consejo de guerra había condenado el día anterior a ser pasados por las armas.
Conatos revolucionarios, que tal vez hubiera podido aniquilar la reclusión o el destierro, iban a llevar al patíbulo, impulsados por la mano de hierro de esto que llamamos justicia humana, a los conocidos vecinos don Manuel Barros, don Faustino Valenzuela y don Manuel José Arriagada
Al toque de las diez, la corneta del destacamento de granaderos, guardia privada del jefe de la provincia, anunció con su habitual y destemplado acento la llegada del momento supremo, y un instante después, cargados de grillos y rodeados con el aterrador aparato de costumbre, aparecieron en la portada de la cárcel las víctimas cuya muerte iba a anegar en llanto y cubrir con la negra túnica del luto a tantas inocentes familias.
Lleno de espanto y el corazón henchido de tristeza, piqué convulso los ijares de mi caballo, volví las riendas y me lancé al galope hacia la casa de Labarca; mas, aún no había llegado a ella, cuando un estruendo de fusilería anunció al pueblo consternado el sangriento desenlace de este funesto drama” 4

 

Referencias

  1. Decreto del 2 de febrero de 1837 de Diego Portales
  2. En Bravo Lira, Bernardino, El absolutismo ilustrado en Hispanoamérica: Chile (1760-1860) de Carlos III a Portales y Montt, 1992, Santiago: Impr. i Oficina de la Democraciam p. 272, citando a José Miguel Yrarrázaval “Portales, Tirano y Dictador”.
  3. Diego Portales, Wikipedia.
  4. Recuerdos del Pasado 1814 – 1860, Vicente Pérez Rosales, Capítulo XIX Fusilamiento en Curicó, P.161.
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