Historia de Curicó

La ciudad de Curicó, situada en su segunda ubicación a los 34°59’ de latitud S y 0°35’ de longitud O, al poniente de la colina aislada del llano, a una altura de 228 metros sobre el nivel del mar, pertenece administrativamente a la Provincia de Curicó, la cual es parte de la Región del Maule en Chile.

Fundacion

En 1734 el provincial de los franciscanos, fray Francisco Beltrán, comisionó al padre Gaspar de Rellero, deudo de Díaz Fernández, para que de acuerdo con el devoto caballero leonés, saliera para el partido del Maule a realizar sus propósitos. El 3 de agosto de aquel año se puso en marcha hacia el sur el padre Rellero acompañado de una efigie de la Virgen de la Velilla y de un lego, dejando encargado para lo que siguiesen dos padres más. Llevaba  instrucciones para fijarse en un llano que el jefe de la orden había visto en un viaje a Concepción en el lugar de Curicó, cerca de un cerrillo.

El padre Rellero se detuvo, pues, en el Carrizal, que estaba cercano a las chacras del Pino hoy más conocida como Avenida España.
Después  de Rellero, salieron los padres Juan Alonso y Antonio Montero. Se hospedaron en la estancia de don Francisco de Iturriaga,  Informado éste de las intenciones y del paradero de fray Gaspar, salió con sus huéspedes y algunos vecinos de la comarca del poniente a impedir amigablemente que se fundase el convento en el Carrizal,  Alegando órdenes superiores, se negó el reverendo encargado de la fundación del convento a satisfacer los deseos de los vecinos del poniente de Curicó; pero se trasladó al lugar y después a consultar el caso al provincial, que practicaba a la sazón una visita a las iglesias de su orden. Al salir le dijo Iturriaga:

«Vaya vuestra paternidad con Dios que en breve volverá, que aquí se ha de hacer el convento».

El convento se comenzó a construir en el Carrizal, inmediato al cerrillo; pero como Díaz Fernández supiese que el lugar elegido era inadecuado por lo húmedo, ordenó su traslado al poniente. Don Francisco de Iturriaga dio diez cuadras de terreno para que en ellas se levantara la iglesia, cuyos cimientos se cavaron en el ángulo oeste de los dos que forman el camino de la costa y el que se interna hacia el norte en el lugar denominado «Convento Viejo». En abril de 1735 el Convento de los franciscanos  estuvo concluido, en lo eclesiástico dependía por entero de la parroquia de San José de Toro o de Chimbarongo; de aquí viene el nombre de «San José de Curicó»,

Se llamaba la iglesia recién erigida «Convento de recoletos» y estaba destinada para residencia de los miembros de la orden que quisieran retirarse a una austera vida de contemplación y penitencia. Mas no alcanzó a servir para los fines que se instituyó, porque un incendio, el primero que alumbró la comarca de Curicó, no dejó de él sino las murallas de adobe; en 1737, dos niños quemaron una noche unas cortinas y el fuego se comunicó a la techumbre del edificio. Reedificada inmediatamente, volvió a incendiarse cuando aún estaba inconclusa, en la tarde del día 28 de diciembre de 1739. Esta vez le prendieron fuego los operarios encargados de su fábrica. Pero la munificencia del caballero leonés no se hizo esperar en esta ocasión como en las otras y el templo abrió en breve sus puertas a los fieles de la comarca.
El lugar donde los padres habían edificado su iglesia era el punto más poblado de los que había en el territorio comprendido entre el Teno y el Lontué, que contaba como con cuatro mil habitantes. Existía ahí mismo una especie de aldea y la propiedad estaba más subdividida que en cualquiera otra parte.
Esta reducida agrupación de modestas viviendas acrecentó con el establecimiento de la iglesia de recoletos franciscanos y fue el sitio elegido poco más tarde por Manso de Velasco para fundar una villa.
A su vuelta de un viaje que emprendió a Concepción para recibir a la escuadra española que venía a los mares de Chile, Manso se hospedó en el convento de los franciscanos. Como ya tenía concebido su plan favorito de poblaciones, se fijó en esta aldea para levantar un pueblo que sirviera de punto de reunión a los indios diseminados por el campo e hiciera más efectiva y expedita la administración eclesiástica de las encomiendas del otro lado del Teno.

Los hacendados vecinos,  Doña Mónica Donoso Viuda de Labra y Don Pedro Nolasco Solorza donaron para este efecto,  cinco cuadras cada uno, En esta virtud el Gobernador Don José Antonio Manso de Velasco ordenó, el 9 de octubre de 1743 la fundación de una villa con el nombre de San José de Buena Vista de Curicó. Se llamó «de Buena Vista» por la hermosa perspectiva que presentaba la planicie baja de Curicó mirada desde los altos del camino de Teno. Pero tanto este nombre como el de San José, cayeron con el tiempo en desuso; se conservó en las piezas oficiales únicamente. 1

En el acta de su fundación se narra que el gobernador inicialmente no tenía planificado establecer en aquel lugar una villa. Sin embargo, encontró en la zona un importante número de poblaciones y religiosos que solicitaron la creación formal de ella.

 

 

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